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Para que un hígado graso vuelva a su normalidad: comer correctamente

#14 de la serie: “Comer para Sanar.”


Muchas personas se ven afectadas por un hígado graso. Este, desapercibido, conlleva a grandes riesgos, como la hipertensión, las enfermedades cardíacas y vasculares. Es una enfermedad de la civilización moderna y sus causas se encuentran en el estilo de vida de la persona que lo padece.


La obesidad, el abuso de alcohol y medicamentos, como también la gran ingestión de fructosa. Estos últimos factores llevan a que las personas delgadas no sean inmunes de padecer un hígado graso.


Hay tres niveles de esta enfermedad:

Etapa 1: hígado graso sin reacción inflamatoria.

Etapa 2: hígado graso con reacción inflamatoria.

Etapa 3: cirrosis del hígado.


La causa de padecer un hígado graso: alimentación inadecuada y falta de ejercicio.


Otros riesgos de padecer hígado graso es la falta de ingestión proteínas debido a una desnutrición, en el embarazo, o incluso luego de operación que desconectan partes del intestino delgado.


Los síntomas de un hígado graso aparecen muy tarde, lo que hace que la enfermedad puede pasar completamente desapercibida durante años.


El hígado almacena la grasa y se hincha llegando hasta el doble de su tamaño normal y sufre en secreto. La sobre carga de trabajo del hígado se puede percibir en la fatiga que la persona siente y en los trastornos de concentración.


Incluso los valores hepáticos en la sangre no dan una indicación en la primera etapa de la enfermedad. Solo cuando el hígado graso se inflama los valores hepáticos aumentan y a veces aparece el síntoma de ictericia. Como un hígado graso ya no puede realizar sus tareas de metabolismo correctamente, los niveles de azúcar y grasas en la sangre se “descarrilan”.


Un cambio de dieta para el tratamiento del hígado graso es de muy buena ayuda, ya que no existen medicamentos para esta enfermedad. Como regla general, el almacenamiento de grasa en las células del hígado es reversible y por lo tanto puede revertirse.


La renuncia al alcohol y una dieta equilibrada son en muchos de los casos suficiente para hacer una regresión de los depósitos de grasa.


Lo importante para tener en cuenta es que el hígado necesita descansos entre las comidas.


La alimentación debe reducirse en calorías al cambiar la dieta.


El hígado se beneficia con la ingestión de fibras, la inulina que es un carbohidrato que sobrevive a la digestión, hace que los niveles de azucares en la sangre permanezcan constantes a medida que el hígado metaboliza otros nutrientes y da un efecto positivo a su vez en la flora intestinal porque es su combustible. (Las mejores fuentes de inulina: bananas, alcachofas, cebolla, ajo, espárragos, etc.).


El ayuno intermitente da buenos resultados (por ejemplo: dos comidas al día a las 12:00 y a las 18:00, con un descanso de 18 horas), hay diferentes formas de ayuno intermitente dejando 12 horas o 14 horas entre las comidas. También el ayuno por días ayuda al hígado a normalizar el metabolismo y tiene efectos positivos para el cuerpo físico.


El ayuno es importante concretarlo con el médico de cabecera y hacerlo con instrucciones de un profesional, hay factores a tener en cuenta, ayunar no es solo dejar de comer.


Para quien padece de hígado graso recomiendo una dieta que mantenga bajos los niveles de azúcar e insulina en la sangre. Para ello ingerir pocos hidratos de carbonos simples y consumir solo tres comidas diarias, sin bocadillos ni picoteos a deshora.


Recuerda: ¡El hígado necesita descanso!


Que la base de la nutrición diaria sean las verduras y los aceites que contienen Omega-3 (aceite de semillas de lino, en los pescados de agua fría, avocado/aguacate, semillas de lino y chía, por ejemplo). Que las frutas sean de bajo contenido de fructosa como las ciruelas, citrus, frutos del bosque, melón, sandía, ananá/piña, coco, papaya, avocado entre otros. Si comes carnes que sea sin grasa, el pescado de agua fría o los productos lácteos sin añadidos de azucares.


Que el arroz y los fideos sean integrales y que se consuman muy poco, que los carbohidratos sean lo más complejos posibles, es decir ricos en fibras. La avena es un buen aliado.


Dejar por un tiempo los productos hechos con harinas blancas y azucares, porque estos hacen presión sobre el equilibrio del azúcar en la sangre. Entre estos alimentos entra el pan blanco, las tortas, las golosinas.


Beber lo suficiente bebidas sin calorías como agua mineral natural y tes (por ejemplo, de diente de león y milenrama). En caso de ayunar el líquido es muy importante.


Soy Alicia Baliulis, nutricionista holística y terapeuta SAAMA 1.0. Respaldo a las personas para que logren su cambio alimenticio y reestablezcan su bienestar. Una enfermedad es el último eslabón de una cadena de información incorrecta y de comportamientos antinaturales. Por más información contáctame.


Alicia Baliulis Nutricionista holística Terapeuta Saama1.0 | Reiki Sitio Web: www.saamayourlife.de


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